Visión Tec: ¿La Colombia de Duque en el tránsito hacia una paz sostenible?

El pasado 17 de junio, los colombianos eligieron a Iván Duque, candidato de la derecha política, como el próximo presidente de su país. La victoria de Duque quien —junto a su mentor político, el expresidente Uribe— ha sido un firme crítico de los Acuerdos de Paz, llega en un momento difícil para Colombia.

Técnicamente, la elección de Duque se convertirá dudosamente en un potencial destructor de la paz. Como líder de la rama ejecutiva del gobierno, Duque está obligado a cumplir con los términos y condiciones aceptados por la administración anterior. Simultáneamente, es importante enfatizar que la construcción de la paz va más allá de desmovilizar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. El Ejército de Liberación Nacional se encuentra todavía en activo, mientras el tráfico de drogas, hoy en día, continúa generando ganancias. Asimismo, las violaciones a los derechos humanos perpetradas por grupos delictivos, continúan siendo una realidad cotidiana para muchos colombianos.

Teniendo todo esto en cuenta, lo que más se necesita en este momento es voluntad política y determinación para superar los obstáculos en el camino hacia una paz sostenible. Esto, me temo, es algo que Duque puede estar perdiendo de vista. Colombia no volverá a la guerra. Sin embargo, las perspectivas de una paz duradera se están volviendo, en efecto, más sombrías. El presidente electo parece no tener propuestas que logren contribuir a la reconciliación de una sociedad dividida.

Simultáneamente, hay aspectos potencialmente positivos que surgen de estas elecciones, y que pueden fortalecer la democracia en Colombia. El adversario de Duque, el exalcalde de Bogotá y guerrillero del Movimiento 19 de abril, Gustavo Petro, recibió más de ocho millones de votos. Esto no solo confirma los temores de muchos colombianos recelosos de volver al período del uribismo —junto a los abusos de poder asociados o las violaciones de los derechos humanos—, sino que ante esta situación da una amplia legitimidad a Petro para crear una oposición real de la izquierda del espectro político.

Esta es una realidad que Colombia nunca antes había experimentado. Los ocho millones de votos emitidos para Petro ayudarán a diversificar la escena política en Colombia, fortalecer la democracia y así aumentar las perspectivas de paz.

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